• Luis De Vega, El País

Amnistía Internacional denuncia la muerte de cientos de civiles en Járkov por armamento prohibido

Rusia emplea bombas de racimo, minas y cohetes poco precisos para causar “muerte y destrucción generalizada” entre la población de la segunda ciudad de Ucrania, según un informe de esta organización

Un niño ucranio de 4 años juega en un parque infantil parcialmente destruido por los bombardeos rusos en Járkov, Ucrania. [Esteban Biba | EFE]

Las dos principales ciudades de Ucrania fueron objetivo prioritario de las tropas rusas en cuanto comenzó la invasión el pasado 24 de febrero. Ninguna de las dos urbes cayó en manos de las tropas ocupantes, pero el rastro de crímenes y abusos crece según se va investigando lo ocurrido sobre el terreno. Cientos de civiles murieron en Járkov, la segunda ciudad más poblada, por el empleo de armamento prohibido por parte de Rusia, según denuncia este lunes Amnistía Internacional. Rusia emplea bombas de racimo, minas y cohetes poco precisos para causar “muerte y destrucción generalizada” entre la población, señala esta organización. Las guerras se rigen por unas convenciones internacionales que, con mucha frecuencia, como en este caso, son ignoradas. La mayoría de las veces es la población civil la que acaba pagando el peaje más alto.


Esos ataques indiscriminados causaron la muerte a 606 civiles y dejaron heridos a 1.248, según el director del departamento médico de la administración militar regional de Járkov. “Han muerto personas en sus casas y en las calles, en parques y cementerios, mientras hacían cola para recibir ayuda humanitaria o compraban alimentos o medicinas. El uso reiterado de municiones de racimo prohibidas es escandaloso, y una muestra más del absoluto desprecio por las vidas civiles. Las fuerzas rusas responsables de estos terribles ataques deben rendir cuentas por sus acciones, y las víctimas y sus familias deben recibir una reparación completa”, advierte Donatella Rovera, asesora general sobre respuesta a las crisis de Amnistía Internacional.


Sanitarios del Hospital Clínico 25 de Járkov mostraron las pequeñas flechitas que integran las bombas de racimo y que habían extraído de los cuerpos de pacientes. Tetiana Ahaieva, una enfermera de 53 años, fue testigo de la explosión de varias de ellas en las inmediaciones del centro médico. “De repente se oyó el ruido de muchos petardos por todas partes. Vi bocanadas de humo negro donde se produjeron las explosiones. Nos echamos al suelo e intentamos buscar cobijo. El hijo de nuestro vecino, un chico de 16 años llamado Artem Shevchenko, murió en el acto [...]. Su padre tenía la cadera destrozada y una herida de metralla en la pierna. Es difícil decir cuánto duraron las explosiones; un minuto puede parecer eterno”. Otros mueren días después tras resultar gravemente heridos, como Oksana Litvinienko, de 41 años, a la que la bomba alcanzó mientras estaba con su marido y su hija en un parque infantil y falleció el pasado sábado.


Amnistía Internacional, que halló en el lugar municiones de racimo 9N210 y 9N235, conversó el 26 de abril con Ivan, el marido, antes del fatal desenlace: “Agarré a mi hija, la empujé contra el árbol y la abracé, para que quedara protegida entre el árbol y mi cuerpo. Había mucho humo y no podía ver nada (...). Mi mujer Oksana yacía en el suelo. Cuando mi hija vio a su madre en el suelo sobre un charco de sangre, me dijo: ‘Vamos a casa; mamá está muerta y la gente está muerta’. Estaba en estado de shock, y yo también. Todavía no sé si mi mujer se recuperará”.


Al menos seis personas murieron y 15 resultaron heridas el 24 de marzo en un ataque cerca de la estación de metro Akademika Pavlova. Allí cientos de personas hacían cola para recibir ayuda humanitaria. En el lugar fueron encontrados restos de un cohete Uragan de 220 mm, con un margen de error de más de 100 metros, así como aletas y fragmentos de municiones de racimo 9N210 y 9N235.


El 12 de marzo hubo un ataque sobre un parque infantil con un cohete Grad, tan impreciso como el Uragan. Murieron tres personas y seis resultaron heridas. Olena Sorokina, de 57 años y superviviente de cáncer, perdió las dos piernas en una explosión. “Después de luchar contra el cáncer, ahora debo librar otra batalla y aprender a valerme sin piernas”, dijo a Amnistía Internacional.


Rusia no forma parte de las convenciones que prohíben el uso de bombas de racimo o las minas, pero eso no le excluye de la prohibición los ataques indiscriminados sobre civiles que lleva a cabo.

 

(c) 2022, El País

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